Sumo

julio 31, 2008 at 5:26 am (Sumo)

Sumo es un caso insólito dentro del rock argentino. Es una banda formada por Luca Prodan, un italiano criado en un colegio pupilo en Escocia, que decidió venir a la Argentina para curar su adicción a la heroína. Lo increíble es que trajo consigo un sonido y concepto renovador para el panorama local, elaborando una música original y unas letras que describen la ciudad como pocos porteños han logrado.

Luca llegó por primera vez al país en 1981, cuando tenía unos 28 años. Se instaló en Córdoba, en la casa de su amigo Timmy McKern, cerca de la localidad de Nono, y con el pelo aún largo empezó a componer canciones que grababa en un pequeño estudio casero. El resultado le gustó tanto que volvió a Londres para comprar instrumentos y armar un grupo de rock en Argentina. Incluso convenció a una amiga, Stephanie Nuttal, para acompañarlo como baterista. Ella llegó en octubre de 1981 y formaron Sumo, junto a Germán Daffunchio (cuñado de Timmy) en guitarra y Alejandro Sokol (un amigo de Germán) en bajo.

El primer show de Sumo fue en la casa de Timmy en Buenos Aires, en Año Nuevo, ante un grupo de amigos. El segundo recital, en cambio, fue en un pub de Palomar, y muy poco después surgió la primera posibilidad de grabar: los vio un ejecutivo inglés de una discográfica y les dio cita para grabar un demo en los estudios de la compañía. El resultado, con “Blind date” y “World mist”, son perlas de coleccionistas, pero no sirvieron para convencer al ejecutivo, que quería una banda de música country y folk.

En esta primera época, muchas veces salían a tocar con bandas paralelas, como Sumito y La Hurlingham Reggae Band. Una de las actuaciones más importantes fue el Festival Rock del Sol a la Luna, donde también tocaron Riff, Los Violadores, Los Abuelos de la Nada, Memphis la Blusera y Juan Carlos Baglietto. Cuando comenzó la Guerra de Malvinas, Stephanie tuvo que dejar el país y Sumo quedó con Sokol en batería y Diego Arnedo, un vecino, en bajo. También ingresaron el guitarrista Ricardo Mollo y el saxofonista Roberto Pettinato, a quien Luca conoció como un periodista de las revistas Expreso Imaginario y Le Cirque.

El primer disco de Sumo, tras una legendaria edición independiente en cassette (Corpiños en la madrugada, luego reeditado en 1992), fue Divididos por la felicidad, que se presentó en vivo en mayo de 1985, en el teatro Astros. A esa altura, ya se había ido Sokol y el nuevo baterista era Alberto “Superman” Troglio. El grupo se hizo conocido en el circuito de pubs de Buenos Aires, con actuaciones antológicas en el Café Einstein, Bar Zero, La Esquina del Sol y Stud Free Pub. Tuvieron un hit con “La rubia tarada” y resultaban tan originales como sorprendentes por hacer una música verdaderamente nueva para el panorama local, con elementos de rock, reggae y pop. El álbum se completaba con gemas como “Mejor no hablar de ciertas cosas” (con letra del Indio Solari, de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota).

En vivo eran únicos: Luca usaban un procesador de voces, Germán tocaba con dos brazos de goma que colgaban a su lado, Pettinato salía con un mameluco naranja, y la música derrochaba energía. Eran impresionantes, tal como demostraron ante un público masivo en el Festival Rock & Pop, en el estadio de Vélez, y en el Chateau Rock de la ciudad de Córdoba.

El segundo disco oficial fue Llegando los monos, que se presentó en Obras en agosto de 1986, en uno de los conciertos más famosos de su carrera. El nuevo hit fue “Los viejos vinagres”, pero también incluyeron una nueva versión de “Heroin”, que había sido incluído en aquel cassette independiente y que constituye una de las composiciones más viejas de Luca. Un nuevo Obras, compartido con Os Paralamas do Sucesso, ratificó la popularidad del grupo.

En 1987, Sumo comenzó el año tocando en un festival realizado en las afueras de Mar del Plata, llamado Rock in Bali, y nuevamente en el Chateau Rock. Según las notas de la época, el grupo estaba en una etapa caótica e ingobernable, debido al deterioro físico de Luca por su alcoholismo. Igualmente grabaron el tercer álbum After chabon, donde aparecen algunos temas viejos y también composiciones nuevas donde las letras se armaron a último momento. El resultado, sin embargo, muestra una madurez increíble del grupo, capaz de mostrar una poesía porteña digna de Moris, como “Mañana en el Abasto”, y también los arreglos de gaitas de “Crua Chan”. La presentación fue en Obras, quizás el último gran recital de Sumo. Luca ya vivía en San Telmo, lejos del resto del grupo que el 22 de diciembre recibe el impacto de la noticia de su muerte, a causa de una cirrosis hepática.

La emotiva despedida de Sumo fue en el festival Chateau Rock de 1988, donde Pettinatto y Mollo se alternaron frente al micrófono para rendirle homenaje al alma mater de la banda de la única forma posible: tocando rocanrol. Su clásica campera estaba colgada cerca. Al año siguiente, el sello CBS lanzó Fiebre, con las canciones viejas y las que hubiesen integrado el siguiente disco.

Dos grupos derivaron de Sumo: Divididos (con Mollo y Arnedo) y Las Pelotas (con Daffunchio y Sokol). Ambos lograron forjar una identidad y estilo propios, y hoy poseen una de las convocatorias más grandes del país. Un tercero, formado por Pettinatto, Pachuco Cadaver, dejó dos discos interesantes que no obtuvieron gran repercusión.

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